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martes, 4 de marzo de 2008

04/03: La hora del alemán

El mercado en Alemania es un poco distinto a lo que estamos acostumbrados en nuestro país. Cuando quieres ir a comprar tomates, te paseas por el mercado (más conocido como "La Plaza TM") o por alguna tienda de la ciudad y encuentras todo tipo de verduras que han sido cogidas de la mata hace poco. 

Sin embargo, por estas tierras sólo existen los supermercados y alguna que otra tienducha en la que el tendero te recibe vestido de bandolero. Y dado que no quiero padecer el escorbuto o algo así  me ha tocado madrugar hoy (¡eh!, que normalmente a las ocho estoy en pié) e ir al centro de la ciudad para comprar unos tomates, huevos y un par de pimientos para hacer pipirrana.

Tras muchos "ig meggshe ..." al final he conseguido hacer que entiendan lo que quería, eso sí, ayudado por el índice (al dedo me refiero). Y es que no sólo basta con hablar alemán. Muchas veces, para que te entiendan tienes que pronunciar muy bien (que ya es chungo) y decirlo a un ritmo fluido.

De hecho, dependiendo de la zona podemos encontrar que una misma cosa, dentro del mismo idioma se llama de una manera o de otra. Gente singular sin duda estos alemanes, ya que si pueden, ellos mismos se lo complican.  

Un saludo:

Fran

lunes, 3 de marzo de 2008

03/03: Residencia en Offenburg

Desde el mismo día veintinueve estoy en la residencia Sainkt-Martin, situada en la calle con el mismo nombre (pronto subo las fotos a Flikr)

La primera impresión que ofrece todo este sitio es de antro. Que todo el mundo olvide esa visión casi utópica de una Alemania llena de audis y mercedes (que alguno que otro se ve) y de diseño funcional "chachi lerendi". Si bien es cierto que hay muchos edificios fuera de lo normal (tengo pendiente un safari cuando el tiempo y la luz lo permita) las casas donde la gente vive no son nada del otro mundo. De hecho, te puedes encontrar gente que aparca automóviles de mas de ocho kilos delante de una puerta que poco le falta para que la humedad acabe con ella. 

Una vez que estás dentro la cosa mejora sustancialmente, y aunque compartes el piso con cuatro personas, el sitio no esta nada mal. Las habitaciones son muy amplias y en la cocina no te da miedo de poner la comida. 

Lo que queda pendiente es averiguar que le ocurre a los alemanes, que son gente que lo mismo te acompaña al sitio por el que preguntas aunque tengan que andar más de doscientos metros que ni te mira a la cara. 

En la siguiente entrada, "Los compañeros de piso" y alguna que otra foto. Por cierto, ya le he echado el ojo a alguna que otra bicicleta. Pero más me vale ir a otro pueblo "a por ella". 

Un saludo:

Fran